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Crac

No me sirve observarte. El peso de no tocarte acaba por las ramas de tu cuerpo y allí, sufro de vértigo. Necesito un muro que soporte el azufre de nuestro infierno Ante todo pronóstico, cuando no sacia, busco la ontología del diagnóstico Me niego a perder la virginidad cuando el vicio que me sobra Y la queja de tus huesos salen a bolsa un lunes. No la he perdido. La repudio junto con sus ideales                 patriarcales.

Anticlea.

Soy Sisifo, no la encuentro Tengo la montaña y no encuentro mi piedra. Mi castigo es encontrarla yo la tiré y la lluvia la arrastró. Lo repito, no encuentro mi piedra. ¿Alguien sabe algo de mi castigo o de mi piedra? Anticlea me condena No puedo llegar a la cima, no encuentro mi piedra.

Fénix.

Caigo rendida para renacer de mi propia ceniza, me dejo seducir y pierdo la oportunidad, olvido el recuerdo y evoco, escupo ilusión sin esperanza y letras sobre ti para quemar las ganas. Domino, miento, hiero y no perdono. Cosecho y pierdo el interés, destilo e inundo el vacío, concibo y agoto., odio y vuelvo a quererte, admito y lamento, provoco la lluvia y no me ahogo. Niego, y al hacerlo finjo. No te quiero.

Putrefacción.

Mis glándulas salivales se activan, se retuercen necesitan contactar con sus mejillas color maltrato. El vientre apaleado expulsando la vida que corre por los pasillos de sus venas Y el viento provocado por sus bocas arrastrando lejos el esfuerzo. Sentimos el robusto y sangriento peso de la ley como un arañazo en la herida, que rechaza los puntos;            "      de sutura en vuestras mentes                    "       atrapadas por alucinógenos. Alucino con mi tímpano por querer ser esófago y este se cansa del ácido que procrea el parlamento. ¿Sabéis a lo que me refiero, verdad? La necesidad absurda de escupiros a la cara todos vuestros vómitos. Putrefacta sociedad, recupérate pronto te necesito en primera línea de batalla.

De testigo.

Hemos soltado los perros, que buscan sin soborno -de huesos de pucheros- vuestros restos. Hemos           notado la lima            áspera, en nuestras lenguas           el esmalte            en vuestros informes Sabido            que es humo           vuestra retórica           cigarrillos           vuestras carteras            Y lo más importante; Encontrado                 el jardín                 lleno de rosas sin espinas, tras la Iglesia,                 que tanto cuidáis.                 Los derechos, muertos,    ...