Últimamente la poesía me miente y traiciona como traicionan las personas. Me he parado a pensar en los siete pecados capitales siendo atea y supongo que para todos esos creyentes el cielo les está prohibido.
Dime, ¿Quién se salva del infierno?
Con la rima asonante de tus gemidos escribir un romance, y en tu espalda, versos Alejandrinos, los hemistiquios comienza en tus hombros. Quiero hacerlos míos, despertar tus instintos. Vamos a disfrazarnos de una sola, voy a recorrer tus vértices y a absorber cada orgasmo.
Todos tenemos nuestro infierno personal, no creo que nadie se salve...
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