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Rojos.

 Yo
que sufro el paso del tiempo
y me angustia no ver el sol.
Que no sé escribir en otra
boca que no sea la mía
vengo a contarte con la redundancia
de quien ama 
que la cafeína está siendo
mancipada por sobredosis
de cocaína, que los cigarrillos
ya no se fuman secos y 
las juanolas van bajo la lengua.

Mientras,
los viejos siguen hablándonos
de bandos y pactos,
de caídos y banderas 
de sangre y grises.

Qué le contaremos
a los siguientes sobre
la cretina libertad sellada
en el parlamento, sobre
el garrafón del capitalismo
ante la democracia, sobre la
dictadura populista..

Le contaremos la podrida
patria en la que nos hemos
convertido, como tiramos
sus muertes y vidas al foso
de la razón perdida.
Como mancillamos
todo sus esfuerzos con
la moral de quien te mira
la espalda y pierde el mapa
por no mirarte la cara.




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Gemidos.

Con la rima asonante de tus gemidos escribir un romance, y en tu espalda, versos Alejandrinos, los hemistiquios comienza en tus hombros. Quiero hacerlos míos, despertar tus instintos. Vamos a disfrazarnos de una sola,  voy a recorrer tus vértices y a absorber cada orgasmo.

Consejos para mentir.

Para mentirle a una hay que creerse la mentira. No solo vale con crearla, arrastrarla y sostenerla. No solo vale con echarla a volar y esperar el aterrizaje. Hay que controlar el viento y la trayectoria. Hay que dejarla tocar el suelo en el sentimiento justo. Para soltar una mentira hay que sentirla y hacerla propia porque lo que es nuestro no se olvida, no se cambia, se retiene y se expande. Se hace olor y se desprende día a día. Si vas a soltar una mentira hazlo como dicen que no se puede. Miénteme, pero hazlo bien. Hazlo concienciado, que jamás lo descubra. Si no tienes la valentía para asumirla y sufrirla, si dejas una duda al descubierto, un matiz cambiante, una cuartada imprecisa.. No pronuncies palabra porque todo tu discurso será en defensa propia y tú, tú no estabas roto.

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