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Dibujando el recorrido, de sombras que dejan tus dedos
en pleno vuelo y con mi culo de destino, he descubierto los latigazos
subvencionados por mi boca
y he acabado
flotando en cada texto antiguo que repudian mis hombros 
por exceso de equipaje.

Estoy de viaje siempre en el pasado,
huyendo de mi
y suplicando "no me dejes atrás".
Pisando descalza y de puntillas para no ser de nuevo
 la causa, al menos, no la causa culpable.
Tuve que dejar la bala, la pistola,
mis remordimientos, la brecha...
y ni así consigo nuestro abandono.
No me importa rajarme los pies si me cambian
la condena. Te lo prometo,
incluso si quieren sumarme la tuya.
Solo tengo una condición; que no nos toquen.

Me sorprendo amando la violencia con la que,
tus recuerdos cuidan mi costado, con la que
tus demonios abrasan los desconchones de este hogar
al que llamo cuerpo.
Tengo tus huellas marcadas en la nuca
y una sordera de caricias, extraviadas a medio camino,
a las que prendí fuego.

El tiempo me aprieta el pecho,
el espacio me asfixia la garganta,
el pensamiento hace ladrar mis manos
mientras supuran porno.
-y el porno no es más que un cuento
de Disney para adultos.
Mientras, yo sigo traumatizada por cenicienta.-

He vuelto a abandonar mi pelo con la esperanza,
de dejar a las heridas de aquel incendio
en el suelo segregando mierda.
Han quemado los puentes y le grito al miedo todas 
las chispas que me han saltado. Lo reconozco,
también le pido auxilio.

Por último te sorprendí a ti, enredado en otros versos
y me quedé con los pulmones llenos de sal y cientos
de poemas para reconstruirme a la mitad.
Pero he descubierto el desenlace amor;
No se trataba de superarlos, si no de sentirlos,
y ahí, no tenía nada que hacer.
Yo solo podía sentirte a ti.


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