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Divisa tierra.

Me he permitido ser apatía andante
por mis laberintos del odio.
He dejado de estar descalza y
de sentir el dolor del suelo al hundir
mi peso en sus grietas
y grietas tengo de sobra en las que hundirme.
Me cuelo sin permiso de la coherencia
en las habitaciones que cerré bajo llanto
y el precio a pagar es desprenderme
de todo lo que aprecio.


Que no te inunden los mares del odio,
desde allí,
jamás se divisa tierra

y quiero volver a estar descalza
a sentir el dolor del suelo
cuando le ponen nombre,
cuando le ponen precio,
cuando le ponen algo
que no se llama respeto.

Quiero salir del marco en la pared,
de los retoques en el color,
de la intersección
de daltonismo y sinestesia,
de los allanamientos  sentimentales.

Que no te inunden los mares del odio,
desde allí,
jamás se divisa tierra

y el precio a pagar
son todos los utensilios
necesarios para sobrevivir.

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